La marca de relojes de lujo Tag Heuer es una de las más importantes del panorama relojero internacional, ya que, en la actualidad y atendiendo a su volumen de facturación, se encuentra situada en una más que merecida cuarta posición, un lugar que ha conseguido, principalmente, gracias a su excelente nivel de precisión técnica.
Una excelencia que le ha llevado a ser la marca elegida para cronometrar los principales eventos deportivos a lo largo de la historia, comenzando en los Juegos Olímpicos de 1920, y terminando en la extremadamente profesionalizada Fórmula 1.
El fundador de la marca fue Edouard Heuer, que inició su andadura como empresario y artesano relojero en el año 1860 con un único objetivo: ‘llevar la medida del tiempo a grandes alturas’, lo cuál lleva haciendo a través de su marca Tag Heuer hasta nuestros días.
Los relojes de la marca apuestan por diseños atrevidos y claramente vanguardistas, alejados de la sobriedad tradicional de la relojería suiza. Sin embargo, no huyen de la elegancia y de la exclusividad, aunque sí han sabido combinarla con la funcionalidad y con un carácter de estilo deportivo.
Sin embargo, los creadores actuales de la marca no quieren seguir viviendo del prestigio del pasado y cada año sorprenden con nuevos modelos, dignos sucesores, todos ellos, de los modelos que dieron prestigio a la marca. El último gran éxito ha sido la Serie 6000, en la que se ofrecía la combinación de acero y de oro de 18 quilates, junto con cristal de zafiro, con bisel giratorio, con capacidad de inmersión de hasta 200 metros y un largo etcétera.
También destaca la colección Kirium, lanzada al mercado en este siglo, que contó con la colaboración del diseñador Jórg Hysek, y que ofrece a su propietario de una evidente exclusividad y diferenciación del resto de personas.
La marca Tag Heuer goza de una salud de hierro, como demuestra el volumen de su facturación anual, y el hecho de que haya sido capaz de llegar a cotizar en la bolsa de Zurich y en la de Nueva York. La empresa es un claro ejemplo de la armonía que existe entre la producción artesanal y la cultura de empresa más profesionalizada.