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La marcha Chanel es conocida internacionalmente y goza de una firme reputación como representante del lujo, de la elegancia y de la exclusividad, la cuál se ha ido ganando a lo largo de su larga trayectoria comercial y de fabricación propia.

Por ello, no era de extrañar que Chanel se adentrara en el mundo de los relojes de lujo, a medida que éstos iban ocupando un lugar más y más importante dentro de la vestimenta del hombre y de la mujer del siglo XX, más allá de su funcionalidad.

Pero no fue hasta el año 1987 cuando Chanel decidió finalmente introducirse en la industria relojera de lujo, con el objetivo de trasladar su gran imagen corporativa y la fuerza de su marca a los relojes.

Así comenzó a desarrollar una gama de relojes exclusiva para mujeres, en los que se combinaban los mecanismos relojeros suizos más precisos con los diseños creativos y elegantes del equipo artístico Chanel.

Lo que diferencia a los relojes Chanel del resto de sus competidores en este sector es que sus relojes no son ideados como tales, sino que son ideados más bien como piezas de joyería, como auténticas joyas que servirán para adornar la muñeca de la mujer. Los relojes de lujo de Chanel no reparan en utilizar diamantes, perlas, madreperlas, lacados, oro, platino y acero, recreando formas de diseño vanguardista y atractivo.

La gama de relojes Chanel se concentraba en tres grandes colecciones: Première, Mademoiselle y Matelassèe, representando las tres los símbolos obsesivos de Coco Chanel, el verdadero germen de la marca.  Estos tres símbolos son: la cadena de piel trenzada, el negro lacado y las perlas.

En la actualidad, Chanel ya ha ampliado su gama de relojes, introduciéndose en el mercado del reloj masculino, al que ha extrapolado todas las virtudes que ofrecía en el mercado femenino, pero debidamente adaptadas a las necesidades y gustos masculinos.